“En tus aulas, colegio querido, una fuente de ciencia y virtud”

El domingo 17 de marzo de 2019, II domingo de cuaresma, celebramos una emotiva eucaristía en honor a nuestro patrón San José y agradecimiento a la labor que las Siervas de San José han desempeñado en nuestro colegio desde 1922, fecha en la que se instalaron en la ciudad.

Numerosas personas, familias, alumnos, antiguos alumnos y profesores y personal del centro, no se perdieron el momento y quisieron acompañar a las religiosas que se desplazaron desde diferentes lugares a Badajoz para celebrar con nosotros esta fiesta. Juan Pablo Parejo, capellán del colegio (y vicario parroquial de Ntra. Sra. Perpetuo Socorro), presidió la celebración acompañado de algunos de los sacerdotes que han realizado el servicio de capellanía en otros momentos de nuestra historia, como D. Pedro Alberto Delgado (párroco de Ntra. Sra. Perpetuo Socorro) y D. Fermín Jesús González (director espiritual del Seminario), y el servicio pastoral de nuestro colegio y de la comunidad de las religiosas de D. Juan Román y D. Demetrio Muñoz (Párroco y vicario parroquial de San José).

Tras acabar la celebración eucarística, realzada con el acompañamiento musical del maravilloso coro infantil dirigido por nuestro profesor de música Santiago Linares, nos dirigimos a compartir y recordar los mejores momentos vividos en esta casa con una comida.

                Al finalizar, tras realizar un brindis, Raquel Soto, directora del colegio hizo entrega a la madre Provincial, la Madre María Álvarez, de un cuadro pintado por Teresa Flores, maestra de primaria, en agradecimiento y recuerdo de esta celebración.

Este agradecimiento es por su labor a nuestro centro. Las Siervas dejan la comunidad que ha estado presente durante muchos años, pero las Siervas de San José no abandonan Badajoz, pues en la actualidad siguen ejerciendo su trabajo y desempeñando su vocación en la Barriada del Cerro de Reyes, y en Mérida en el colegio Virgen de Guadalupe.

 

TEXTOS DE LA EUCARISTÍA:

Reseña histórica de la Congregación en nuestra ciudad

En Salamanca, en el año 1874, el jesuita, Francisco Javier Butiñá y Bonifacia Rodríguez Castro, empeñados en la evangelización del mundo industrial, fundan la Congregación donde numerosas mujeres son acogidas en el contexto de una sociedad postrevolucionaria, y donde se hace una referencia clara al Taller de Nazaret presentado como modelo de vida solidaria y de trabajo.

 Ya a finales del siglo XIX y principios del XX, las religiosas llegan a Extremadura, situando sus comunidades en Barcarrota, Alburquerque, Mérida o Villanueva de la Serena.

En 1922 llegan a Badajoz con el objetivo de crear un Centro de primera y segunda enseñanza para “favorecer a las señoritas y preservarlas de los grandes peligros morales y económicos que se dejaban sentir en la sociedad moderna” de aquel momento.

La Madre Aurora Sánchez visita las comunidades de Extremadura quedando "altamente satisfecha del nivel de calidad y espíritu de trabajo" al igual que de la labor pedagógica que se lleva a cabo en los respectivos centros. Se pretendía pues establecer un nuevo centro educativo de las Siervas de San José donde se pudiera estudiar carreras y hubiera Escuela de Magisterio e Instituto de Enseñanzas Medias. Para esto se contaba con el apoyo del Obispado de Badajoz.

Como primer paso, se buscó una casa adecuada. Después de varias tentativas fallidas, fue en enero de 1922 cuando la Reverenda Madre "dio cuenta que había realizado la compra de la casa de Badajoz" ubicada en la calle Menacho, número 10, actualmente desaparecida. A partir de este momento, se iniciaría un camino pedagógico elogiable por su calidad y dedicación.

Con el paso de los años y el buen hacer de toda la Comunidad Educativa, se ven obligadas a tener una casa más grande para poder remediar las necesidades que había en Badajoz. Es el 25 de agosto de 1941 cuando se hace entrega de parte del dinero que importaba la casa situada en la calle Menéndez Valdés 51, pero para decepción de todos, esta casa también resultaría pequeña en los años sucesivos. Así se decide construir este colegio al que se dotaría de todo lo necesario, tanto de espacio como de instalaciones para una buena formación de las alumnas.

La primera piedra con la que se iniciaba la construcción del colegio en la Avenida Santa Marina se colocó el 17 de febrero de 1946. En el curso de 1948/49 llegaron las primeras alumnas, aunque la apertura oficial no fue hasta el 5 de octubre del curso siguiente. La capilla donde nos encontramos hoy fue lo último que se inauguró en 1950 y con ella ya se había alcanzado la meta deseada por toda la Comunidad de las Siervas de San José, tener un colegio completo.

La intención de las hermanas ha sido siempre la de tener las puertas de esta casa abiertas para aquellos que han dispensado de sus servicios a lo largo de su historia. En 1969, en este mismo lugar comenzó a dar sus primeros pasos la parroquia de San José, que este mimo año celebra su 50 aniversario de su erección canónica, y con la que nos sentimos estrechamente relacionados.

A la luz del Concilio Vaticano II, tras sucesivos cambios educativos y con el afán de responder a las necesidades del entorno, nuestro centro y las religiosas fueron adaptándose a los nuevos tiempos. A comienzo de la década de los 90, tras años de promociones femeninas, se escolarizaron los primeros varones y el colegio consolidó la configuración de una nueva dinámica marcada por un trabajo muy familiar y cercano entre docentes laicos y religiosas, siempre con la mirada puesta en el futuro.

 

En el año 2000, las religiosas josefinas conceden la titularidad del colegio a la Fundación Educación Católica, la primera de las fundaciones creadas por FERE-CECA y que surge en 1992 para dar respuesta a una nueva realidad social y religiosa en España y poder así mantener y potenciar la Educación Católica. FEC asume la titularidad de nuestro colegio con el objetivo de garantizar su continuidad y sostenibilidad mediante un Plan Educativo Institucional basado en la evangelización, la innovación, excelencia y cuidado de las personas como valor fundamental de ésta.  

 

Muchas han sido las directoras que desde los comienzos del centro han dedicado su vida a dirigir con rectitud y sabiduría esta agradecida casa. Recordamos a la primera superiora, la madre Eloísa Pérez, que fue sucedida por otras muchas como Purificación Martín, Gregoria Díaz, Rocío Millán durante el periodo de 1938 hasta 1987. En las últimas décadas, Antonia Brandón, Pilar Mateo y Josefa Aurioles, religiosas que han cuidado con la oración y el trabajo cotidiano estos muros y a todos aquellos que han caminado entre ellos hasta nuestros días. Hoy los laicos, recibimos el testigo y afrontamos los retos que supone liderar una escuela católica y concertada y nos ponemos en camino siguiendo las huellas de las mujeres que nos han precedido, que valientes supieron emprender diferentes proyectos con el fin de hacer el bien allí donde pisaban.

 

La madre Lilian, General de la Congregación, en el VI Encuentro de Equipo Congregacional en Madrid en 2016, resume que: “El momento congregacional que vivimos nos llama a estar atentas a la realidad, a la vida, a un mundo en cambio que muchas veces nos descoloca, pero también nos impulsa a dar lo mejor de nosotras mismas en cada lugar en donde estamos y junto a las personas con las que compartimos nuestro carisma, nuestra misión, nuestro seguimiento a Jesús. Nuestro hoy nos desafía continuamente a dar respuestas nuevas en nuestro compromiso y opción por las mujeres, nos pide audacia para apostar por nuevas presencias, nuevos proyectos, y nos invita a abrirnos a una nueva conciencia y una renovada espiritualidad, cuidando siempre los procesos, pero con dinamismo y esperanza”. 

 

Podríamos enumerar una lista interminable de vivencias, detalles, gestos, experiencias… todo aquello que nos ha aportado esta comunidad de religiosas a todos los que hemos estudiado o trabajado con ellas, o lo que ha supuesto para Badajoz. En 2021 este edificio cumple 75 años, y este curso ya suman 97 años los que las siervas han trabajado en nuestra ciudad. La comunidad que albergaba nuestro colegio pasa a situarte en otros lugares, pero su presencia no se ha diluido, y su proyecto no ha concluido aun, el carisma, el testimonio y la humanidad quedarán en nuestro corazón y en nuestra mente a fin de continuar lo que ellas iniciaron.

 

Hoy día, las Siervas de San José, llevan a cabo su acción en la barriada del Cerro de Reyes donde mantienen una comunidad desde 1972 colaborando con el centro parroquial Jesús Obrero y el Centro de promoción de la mujer del barrio, además mantenemos un proyecto común colaborando en la promoción de la mujer en el mundo del trabajo en países en vías de desarrollo a través de la ONG que gestionan las mismas religiosas, “Taller de Solidaridad”  y los grupos MSJ trabajando con jóvenes que desean profundizar en la fe y disfrutan de la convivencia y un ocio alternativo a través del aprendizaje transversal de valores.  

 

Hacemos explícito nuestro deseo de estar siempre unidos en el anuncio del Evangelio. Que en este 2º Domingo de Cuaresma el Espíritu nos colme de ALEGRÍA para vivir con intensidad que Dios está presente entre nosotros. Bienvenidos a la mesa del Señor.

 

Acción de gracias

Gracias Señor, porque en esta eucaristía se muestra tu comunión permanente de vida entre las personas.  Sentimos un eterno agradecimiento a la labor de nuestras queridas Siervas de San José. Siempre lo hemos hecho, pero queríamos manifestarlo una vez más y reconocer vuestra energía, vitalidad, valentía y emprendimiento. Con vosotras, hemos experimentado la transmisión de lo que es la verdadera fe,  y hemos conocido la figura de Jesús en el Evangelio. Con vuestro ejemplo humilde, sencillo, comprometido, acogedor, nos habéis enseñado a ser personas decididas. No os habéis perdido en convencionalismos absurdos, vosotras nos mostrasteis, la verdad más grande: QUE DIOS ES AMOR, a través del testimonio, de la vivencia del carisma josefino y bajo el amparo de la imagen de la Sagrada Familia de Nazaret. Vuestra dedicación verdadera, solidaria e infinita con los pobres y necesitados, la paciencia con los niños y adolescentes, vuestra comprensión y apoyo con los compañeros, y la sinceridad de vuestras palabras han quedado como una profunda huella en este colegio que nunca podrá olvidar vuestra presencia.

 

Gracias Señor, porque frente al altar hemos celebrado este derroche de alegría y de recuerdos con vosotras; amigos, compañeros y comunidad educativa, con todos aquellos que de alguna forma hemos sido acompañados a lo largo de estos años.

 

Gracias Señor por las Siervas de San José que nos han ayudado a construir la gran familia josefina que somos en los brazos de Dios. No hay duda de que en medio de nuestras vidas, de nuestros hogares y de nuestra tarea Educativa, allí estás Tú, dando fuerza a nuestra propia vocación de educadores, en el Colegio y en la familia.  Afrontamos este tiempo, con el entusiasmo y los mismos sueños que nos han legado las religiosas para que con alegría y esperanza, sintiéndonos acompañados institucionalmente, nos dirijamos a conseguir siempre los objetivos y retos del siglo XXI.

 

Gracias Señor, por la vida que estrenamos cada mañana, por nuestros hogares, por nuestras familias, por los compañeros con los que trabajamos, por la gente buena que nos regala una palabra o un gesto de aliento. Por las oportunidades que nos das de ser mejores, más libres, e ir formando nuestra personalidad en los valores del Evangelio, así esta Comunidad Educativa seguirá celebrando y viviendo tu Palabra.

 

Gracias a las Siervas de San José y a todas las mujeres que, con FE en el Padre, creyeron en las personas, apostaron por una educación integral desde el TRABAJO y ofrecieron su vida en el servicio a los demás por AMOR.

 

La ALEGRÍA, valor que durante este curso se presenta como fruto de nuestra iniciativa y tus dones Señor, no queremos vivirla sin saber que podemos hacer algo más, queremos seguir sumando, acogiendo con los brazos abiertos, luchando como Bonifacia y tantos santos, hombres y mujeres por un mundo más justo. El lema este año, nos invita a “Vivir alegres” cuidando y educando, desde la experiencia profunda de Jesús Resucitado, así como demostró san José junto a su familia. Queremos seguir siendo agradecidos a todas las personas donde Tu presencia late fuerte en el corazón. Gracias por esta Eucaristía que nos congrega y nos llama a ser Testigos Tuyos.